miércoles, 19 de mayo de 2021

Ella aun duerme

 

Había algo distinto esa mañana, Salvador lo notó apenas despertó. De él había sido la idea de cambiarse a la cama de dos plazas para que tuvieran más espacio para darse vuelta al dormir, pero a Frida no le gustaba: ella era más de piel y deseo. Ambos lo hacían con regularidad, ya fuera después de la pega, la mañanera o en la ducha, pero, a medida que los meses pasaban, Salvador sentía que la relación se enfriaba más y más.

Esa misma mañana, Frida también notó la diferencia. Habían tirado en la madrugada, entre sueños y casi dormidos, pero lo habían hecho. Salvador, que descansaba el cuerpo de cara a la pared, notó que Frida abría lentamente sus piernas. Sus rodillas estaban levantadas y el viscoso sonido de su clítoris húmedo (y no gracias a él) no tardó en ponerlo en alerta. No quiso interrumpirla en la búsqueda del orgasmo que él ya no podía darle. Frida acabó en silencio, tapándose la boca e intentando contener cualquier sonido para no despertar a su pololo.

Pese a que Frida también se volteó en dirección contraria, pese a que desconocía si Salvador estaba despierto o no y, sobretodo, pese al cariño que tenían el uno por el otro, en sus pensamientos había una concordancia innegable: ese era el último día que dormirían juntos.