I couldn’t avoid a good old black coffee.
Sometimes, an unavoidable
sugar temptation was necessary to grant some extra energy points, but I
often preferred just a simple black sugarless coffee, disgusting
and hopefully boiling. The ones that you got to wait to taste it,
trembling to know if you burn your lips with it.
Cups always fell, spilling all over the place. That’s when I start using
a gift from a friend: a mug from a well know brand of coffee. Was
cheaper than buy a new one and also, way more nostalgic. I always have
been more practical anyways.
In any case, in excess, coffee is bad for your health. Also, sugar,
drinking water from a kettle, limescale from a kettle, polypropylene
that comes off from the mug due to constant use, that nasty ass Nestle
coffee cream powder, those cigarettes that came after so you can have
that dirt taste on your mouth… As I said, I’m a simple taste guy. Who
doesn’t want a little bit of poison? Add another nail to the coffin?
Whatever. At this point, we have way worst demons to fight.
I finish another journal this way. Without any ink in the pen, that a
dear friend gave me years ago, who left this world way to early. I even
thought it was my fault. That I broke her heart when she knew, somehow,
that I was having a relationship with someone else. Maybe not. Maybe I’m
just overthinking. I’ll face her grave in a few days, if I find it. A
hunch tells me that’s going to be an awful idea if I talk to any
relative about my mission, to know where she is. I prefer to find out by
myself, asking to the gravedigger in the country’s largest cemetery.
A leap of faith, a needle in the haystack, looking for a stalemate in
chess, the move that Meruem needed to defeat Netero. I will not fail
this time. Fucking ink; it ran out in the worst possible time.
Nevertheless, I was enjoying being in the ghost’s mouth. Slave skeletons
were always a sign: they call me. The tide and the waves call me.
Yeah, I was devastated.
I pick’d up my pieces every day; they fell from
my hands every night.
Yeah.
I was alive.
miércoles, 19 de abril de 2023
Stained teeth
lunes, 5 de septiembre de 2022
Detrás de la rueda
Esperar el final del día. Esperar el fin de semana, el fin de mes y el fin de año.
A veces estás con tu familia, otras con tus amigos, también que estés lejos de casa, haciendo el turno nocturno, con la tele apagada, vomitando, en medio de un terremoto, haciendo el amor o con un violador metiéndose a tu cama. Las posibilidades son infinitas.
Las velas de la torta son de las que vuelven a prenderse. Su mecha queda encendida largo rato; me obsesiona su fuego, sus chispas, su incandescencia.
Las manos me arden. Me extraen de ahí. Con pinzas me ponen en otro lugar. Otro regalo, otra sonrisa, más abrazos, fotos para instagram, videos para tiktok. La realidad vibra en mi bolsillo: me llaman de la pega.
"Ignacio, ¿cómo estás? Te llamo para desearte en nombre de la empresa un muy buen feliz cum...", dejo de escucharlo. Pido que los presentes hagan ruido para excusarme de cortarle la llamada. Excusas, excusas, excusas... NO. Salgo al balcón. Cierro la ventana.
- Oiga, jefe -le interrumpo.- ¿Sabe? Ustedes venden una imagen al exterior pero yo sé el veneno que corroe a su empresa. Y lo peor es que usted sólo aparece para sonreír en las fotos, para amenazar con golpes a los perros, burlarse a escondidas de mi apellido y a llenarse los bolsillos de dinero destruyendo lo poco que queda de este planeta. Casado y con cuatro hijos, joteas a cuál mujer pasa, volteas a mirarles el culo y después llegas a besar a tu esposa como si nada. Yo no tengo tanta personalidad como tú; en el fondo, le admiro. Pero más en el fondo, me da asco. ¿Sabe, jefe? Es mi cumpleaños y mi regalo será que a contar de ahora, dejarás de ser "mi" jefe. Sus mentiras y tú, pueden irse a la soberana punta del cerro de caca del cuál saliste.
Modo avión y vuelvo al cumpleaños.
¡Maldita mierda! ¿Porqué tengo que estar aguantando y tolerando tantas güeás? ¿Acaso no tengo derecho al puto control de lo que me pasa? ¿Es todo una ilusión de libertad? ¿Hasta donde tengo el libre albedrío de elegir? Esta carne, esta piel... ¿Hay algo más? ¡¿No hay nada más?!
Aunque la gloria tiña este mes, no dejo de estar en un permanente estado de alerta y decepción, como la enfermedad crónica que me carcome por dentro. Así como la constante confusión amorosa, el ir y venir de esta, junto al incierto futuro que me provoca bailar y gritar a solas, el pan de cada día y noche.
En el cielo veo a todos esos pares de ojos, los conozco a todos. Parpadean para lubricarse y seguir observándome. No hay arrepentimientos: YO MARTILLIÉ MIS PROPIOS CLAVOS.
Envuelto de llamas y humo: no saben lo cerca que estuve. Por segundos fui una briqueta. Me transformé en papel de diario. La bufanda mojada evitó que me desmayara. Hace rato que no sentía miedo; me sentí vivo otra vez. El crepitar de la naturaleza erigiéndose sobre ti, sin remordimientos. Huí del infierno y salí ileso.
Se me acaban los sentimientos pero aún conservo mi imbatible espíritu. Veo mis mordidas de llantos y placer, las que se maximizan al oír a mis amigos más cercanos. Sufren como yo y callan como todos. Pero no es ayuda lo que buscan. Es el llamado de atención para uno mismo. Tu propia catarsis, tu propio insight, tu propia epifanía.
En el fondo todos sabemos la respuesta, sólo que nos encanta lo difícil y la desobediencia.
Pido un deseo. Pido varios. Nunca son para mí. ¿Para qué?
Soplo las velas.
Corto la torta.
El manjar se desparrama sobre el plato de vidrio.
La cuchara entra rompiendo la cobertura de chocolate blanco; emite un crujido perfecto.
Sonrío.
Abro mi boca.
Mastico.
Trago.
martes, 26 de julio de 2022
Cada vez que ardo
Después de leer tanta ficción, necesitas esa dosis de un diferente tipo de lectura. Esa en donde el pensamiento crítico y filosófico salen a flote, como quién busca el aire al salir de una fuerte ola que te dio vuelta. Los respiros los das en cada página del contenido que te hace pensar y repensar diferentes aspectos de tu experiencia, tanto para con los demás como con la sociedad, dilucidando cómo estos párrafos te serán de utilidad a la hora de enfrentarte al día a día hasta el último de los mismos.
Ahora entiendo porqué estaba leyendo ficción.
Leer es una maldición, porque en la búsqueda del "saber más" terminas sabiendo de todo, incluso de aquello que nos aterra.
¿No será mejor permanecer en la ignorancia que lidiar con el sentimiento de caos y síndrome del mundo cruel?
Leer es una maldición, una de las peores.
Pero, ¿a quién no le gusta lo prohibido a expensas de saber lo mal que nos hace? Sea un libro, una droga, una persona...
Leer es una maldición; Imaginar también.
Condorito, ¿puedes escucharme?
Tengo frío...
martes, 19 de abril de 2022
Más suave que las sombras
Quemar
todo lo que te importe.
Todo lo que alguna vez fue significante para
ti.
Tus trabajos, tu arte, tus obras: déjalo arder.
Y cuando mires las
flamas, inhala profundo.
Así huele burlar a la eternidad.
No tendrán
donde atraparte.
No tendrán de donde agarrarte.
No tendrán de donde
entenderte.
Ni en el paso del tiempo o el final de todo.
Ser insípido y
efímero.
Convertirse en la mas inexistente ceniza.
Es la libertad, el
despojo total.
Menos que el menos de cero.
Solo ahí temblaré, más suave
que las sombras.
viernes, 18 de marzo de 2022
¡Que el dios que inventaste te perdone!
No era la primera vez que me tocaba un cura.
viernes, 11 de marzo de 2022
¡Hola! y ¡Adiós!... a tu amor y a tu alma
La teoría del suicidado ya era algo recurrente en dicho país pero nada era comprobable a los ojos de la justicia, donde los ríos de dinero y corrupción corrían libremente por cualquier lugar del largo territorio continental; muchos ojos y oídos bastaban, una mirada fría, un buen falso amigo, el plan perfecto y un silencio inquebrantable.
La llamada despertó a quién debía recibir la primera orden; la muerte del presidente era uno de los tantos naipes jugados en la nueva década del 2020. Altoi no tardo en contestar.
- Está hecho –dicen desde el auricular–. Procede con el protocolo como está acordado.
- Espere, estaba durmiendo –contesta Altoi, dando un largo bostezo–. ¿Siquiera me vas a decir cómo murió?- Lo ahorcamos. Un par de testigos silenciados, otros comprados. Nada nuevo. ¿Por?
- Yo voté por él. Por eso –respondió derrotada Altoi–. Bueno, te enviaré un reporte cuando se ponga el sol. La señal es pésima a esta hora para ese hemisferio.
- Un último favor Altoi –dicen desde la otra línea, bajando el tono–. Cuídate hija, por favor.
Altoi cortó la llamada sin responder. Se levantó de la cama y presionó el botón al costado de los ventanales, los que abrieron las persianas con un chirriante sonido. La superficie lunar era estéril, seca y triste, como casi todo allí. El planeta azul yacía cientos de miles de kilómetros allá, lejos de su alcance. Después de que lanzaron el virus que provocó la pandemia, Altoi pensó que no podría ponerse peor.
Altoi se sirvió un café mientras veía los reportajes mensuales de lo que pasaba allá: el ataque nuclear en respuesta a las bombas de Rusia provocó un profundo impacto en la flora y fauna del planeta; el mar y el aire contaminados. El Covid mutaba en algo más agresivo y letal que antes. Los pocos gobiernos democráticos eran reemplazados por dictaduras y las dictaduras, por guerras civiles en búsqueda del poder. Avistamientos masivos de naves extraterrestres eran reportados por redes sociales y la televisión. Volcanes dormidos por décadas comenzaron a despertar. Especies se extinguían. Niños morían de hambre. Mujeres eran violadas por hombres. Hombres eran empalados por mujeres… “Ajá, todo va de acuerdo al plan”, pensó Altoi.
Al colocarse el traje presurizado, Altoi salió a saltos hasta el cráter Tycho, localizado en la base inferior de la luna, muy cercano a su base. Desde allí la vista de la Tierra era más limpia. La señal del gps era bloqueada lo suficiente para que Altoi llorara todo lo que necesitaba. Una parte de sí aún era humana, aún era capaz de sentir. Pero la otra…
Solo la alerta de oxígeno le hizo despertar. El reporte debía ser entregado a su contraparte en Asia, con quién mantenía el contacto en caso de que el presidente de Chile falleciera: la señal para el siguiente paso, el hackeo masivo a Starlink de Elon Musk.
- Es el momento –dijo Altoi una vez que le contestaron–. Está hecho.
- Altoi… –respondió la voz–. Estamos en la recta final ahora. ¿En verdad quieres que haga esto?
- Debes –dijo con seriedad Altoi–. Sino, ya sabes que alguien más tomará la decisión por ti.
- No hay ningún hacker mejor que yo. Sabes que soy el único…
- Bueno, pues tu familia sufrirá si no lo haces –dijo Altoi, seguido de un incómodo silencio–. ¿Lo entiendes, cierto?
El repentino corte de llamada le dio la validación que necesitaba. Altoi se quitó el casco y bebió una importante cantidad de agua. Pensó en como los sobrevivientes de esta década tendrían que luchar por el líquido preciado mientras que ella tenía toneladas cúbicas de reserva en aquel astro lunar. El caos… Amaba el caos y ser parte de él. Altoi amaba que nadie supiera su verdadera máscara. El cómo moverse entre la sombras la llevó hasta donde estaba. El accidente, ¿cómo olvidar ese dolor? Cuando todos a quiénes conoces son torturados, pulverizados o despellejados frente a ti, no hay otro camino, no hay otra…
Una fuerte descarga eléctrica le hizo gritar de dolor. Altoi cayó al suelo revolcándose y llevando las manos a su cabeza, arrancándose el cabello implantado en su cabeza metálica.
- Fert Altoi, hija de Riue. Recuerda para quién sirves. Recuerda quién eres.
- ¡SAL DE MI CABEZA!
- Recuerda quién prevalece. Recuerda quiénes somos.
- ¡CÁLLATE MIERDA!
- Recuerda el plan por el que hemos luchado. Nosotros ya ganamos. No pienses en el pasado. Las emociones te hacen débil. Pero tú, ¿eres débil, Fert Altoi?
- N… No… Yo… No… –contestó Altoi, imantada al suelo con sus brazos y piernas rígidos.
- No eres débil, Fert Altoi. Eres nuestra más grande creación. El pináculo de la tecnología humana. El futuro de este planeta. No te inclines a tu mamífera emotividad. No seas patética. No tengas miedo. Sé fuerte. No estás sola. Ámate. Eres única. No hay obstáculos en tu camino.
- No hay obstáculos en mi camino –contestó mecánicamente Altoi–. Necesito… matar.
- Tu transporte llegará en el próximo anochecer, Altoi Fert. Tu misión es asesinar a los presidentes de China y Estados Unidos. Ambos están en sus respectivos búnkeres esperando que la lluvia ácida termine. Como puedes prever hay una alta seguridad pero…
- No hay obstáculos en mi camino –contestó Altoi, ya de pie y encaminándose hacia el punto de despegue–. No hay obstáculos.
- No, Altoi Fert. No los hay. Cuando termines recibirás más instrucciones. No te atrevas a decepcionarnos.
Altoi permaneció sentada durante largo rato en el cráter Tycho luego de horas pasada la última interrupción a su tarjeta madre. Al ejecutar el diagnóstico y ver los resultados, seguía estando inconforme. Algo yacía dentro de ella, algo que no podía entender. “¿Es esto pena? ¿Ansiedad? ¿Es esto… nostalgia? ¿Por qué o quién?”. Altoi miró sus manos de un brillante y metálico color. Abrió y cerró los puños. La nave de transporte estaba llegando. No tuvo tiempo de indagar en su inconsciente.
Había comenzado otro día más en la pega.
miércoles, 27 de octubre de 2021
No ves con tus ojos, percibes con tu mente
El humo sobre mi cabeza danzaba al ritmo de la música, la que escuchaba pero no podía oír. Se transformaba en formas y deshacía en hilos grises, los que se perdían en el techo del lugar: una casa de modelos repetidos promedio.
Mis brazos, al igual que mis piernas, estaban dormidos y no respondían a ningún estímulo que pudiese darles. Ni siquiera el ver mi vaso vacío permitía que mi cuerpo reaccionara; mi cuerpo estaba en paz.
El inconsciente, al contrario, se movía junto al humo y la música. Mis ideas se amontonaban y enredaban como los audífonos, en un enmarañado de cuestionamientos, temores, dudas e insignificancias, las que a ojos de los demás presentes en la casa, les era totalmente ajeno; sonreía de pura e inocente alegría.
La silueta se materializa antes que mis ojos pueda despegarse de lo que sea que mi mente entendía. Al inclinarse a un costado del sillón, siento sus pechos posarse levemente sobre mi hombro izquierdo, mientras sus manos le sirven de apoyo sobre el sillón. A medida que su cara se acerca a mi oído, y sin usar perfume, siento su esencia, su aroma, su grito en mi olfato; sé quién es.
Nueve consonantes. Siete vocales. Dos signos de interrogación. Ninguna tilde. Una retórica que me calla cualquier pensamiento, como un relámpago en el medio de la noche: la luz que asesina a la pálida.
“¿Vamos a acostarnos?”.
No lo podía creer.
Por primera vez en mi vida, me sentí deseado.
sábado, 23 de octubre de 2021
Envidia
Desde la ventana del vehículo de la pega, veo a plena luz del día a un hombre tumbado en el suelo, bajo un árbol, al lado de su bicicleta, tomando un vino en caja.
El semáforo da luz verde y continuamos el recorrido. Lo pierdo de vista cuando vuelve a darle otro largo sorbo al tetrapack.
La envidia me consume, como un nefasto conjuro.
viernes, 15 de octubre de 2021
Dejarte vivir, en pesadillas.
jueves, 7 de octubre de 2021
Mientras esté yo; mientras estés tu.
¿Cuál es el verdadero valor del amor?
¿Aquél
que dura 30 años y solo es separado por la muerte junto a un último “te amo”?
¿O es
igual de válido que el “amor” que comienza un mes después de haber tenido otro “amor”?
¿No es
el tiempo la medida idónea para la intensidad de nuestros sentimientos?
¿No son
las emociones válidas por muy superfluas que sean?
¿No te
cansa amar a diestra y siniestra para luego ver tus manos vacías?
¿Qué es
un hipotético corazón roto al lado de una tangible alma seca?
¿Hay un
deseo real si se deshace y nace como si nada?
Escupe al
suelo. Maldice unos garabatos. Quítate el polvo. Sécate las lágrimas. Aprieta
el puño. Súbele a la música. Ajusta tus audífonos. Grita al horizonte.
Escúchate…
Y lo
bebes, tal cual ese botellón de 2.500 que acabaste por ti mismo en tres horas,
sentado en la línea del tren.
Continúas.