jueves, 22 de septiembre de 2016
@Micro 102, "¿Fumas?"
- ¿Fumas? –preguntó la enfermera.
- ¿Cigarro? No –respondí.
- ¿Marihuana? –insistió la enfermera.
- Si –contesté tajantemente.
- ¿Cuántos te fumas?
- No lo sé… Quizá un promedio de uno al día.
- ¿Y por qué lo fumas?
- Por… Por qué es bacán nomas’ po’. –contesté, esbozando una sonrisa de esas “por qué si nomas’ po… ¡conchatumare!”.
- Pero mejor fuma cigarro… Es más sano –dijo la enfermera dejando la habitación.
- JAJAJAJAJAJAJAJA…Ya.
(Testimonio real de enfermera de centro de salud aseverando que el cigarro es más sano que algo que crece de la tierra).
¡Estamos condenados!
@Micro 101, "Los Ojos"
Todos habían notado algo raro en el comportamiento
de Jesús desde que llegó al trabajo. Siempre era puntual y tenía una facha
impecable, pero esa mañana se veía demacrado y preocupado. Al salir de la
reunión matutina, tomó a Rodrigo por el brazo y se sinceró con él, fumando un
tembloroso cigarro siendo que él jamás fuma.
- No
sé qué es lo que pasó, Rodrigo –dijo
mirando hacia la nada.– Ya no podía ver nada como antes. Mi vista se empezó a
nublar desde que salí de la ducha. Empecé a secretar un extraño líquido por mis
ojos… ¡No dejaba de salir!
- Oye, espera –respondió Rodrigo, dejando caer su mirada
en sus ojos, los que no se veían para nada mal.– ¿Te tomaste algún remedio o…
- ¡Nada!
–exclamó volvía a tomar por el brazo a Rodrigo, esta vez apretando más de la
cuenta.– Se me empezó a pasar cuando me mire al espejo. Vi como las secreciones
volvían a mis ojos solas, como retrocediendo en el tiempo… ¡Lo juro! No podía
creerlo y me refregué los ojos pensando en que era producto del sueño, pero no.
¡Los colores de siempre ya no los veo! ¡Veo otras cosas!
- Mmh… –Rodrigo
hizo una pausa mientras le quitaba el cigarro de sus manos, el que estaba con
casi la mitad hecho cenizas.– Entonces, ¿ya no estás viendo en el espectro
visual humano? ¿Eso me quieres decir?
- ¡Si!
–gritó Jesús, formando una sonrisa en su cara.– Veo colores que jamás había
visto… Cosas que… No deberían estar allí… Los colores son desconocidos para mí,
no te los podría ni siquiera explicar… Son maravillosos, pero no entiendo por
qué ni cómo… ¡Oh, gracias por el café! Mira, ¡si hasta el café ya no lo veo
café! Por la mierda…
El sollozo de Jesús se vio apaciguado por el
humeante café de su compañero de trabajo, quién siguió oyendo hasta que el
joven hombre de 23 años se desplomó en el suelo frente a él. Rodrigo sacó el walkie talkie del trabajo y avisó a
control: “Experimento exitoso. Vengan a
retirarlo. Patio central”.
viernes, 16 de septiembre de 2016
@Micro 100: "CHANCHO MAN"
"Chanchoman",
así le llamaban a ese viejo horrible y desagradable. Se me tensaban los puños
cada vez que lo veía, esperando que llegara el momento para poder golpearlo en
el rostro o, aunque sea, pegarle su buena patada en la raja.
Una mañana me lo encontré por el centro, su cuerpo de puerco y el peluquín de mierda los podría reconocer en cualquier lugar. Justo cuando se sacaba la billetera del culo, dejo caer algo al suelo. Al recogerlo vi que era una tarjeta de presentación, "CHANCHO-MAN, SOCIEDAD AGROPECUARIA"
Sabía que Chanchoman tenía algún negocio, pero jamás pude saber dónde era hasta esa mañana, por lo que fui directo hasta allá, para funarlo enfrente de sus empleados.
Pasé varios minutos golpeando la puerta hasta que abrieron. Un hombre en traje de cerdo me atendió.
- ¿Si? –me decía el sujeto, completamente envuelto en su traje. Desconozco como podía verme así.
- Hola –hice una pausa antes de seguir. El tipo olía a excremento fresco.– Ando buscando a su jefe. Creo que su nombre es "Chanchoman".
- ¡Ah! ¡El jefe! –respondía el tipo disfrazado de cerdo, afirmándose la cabeza falsa.– Si, está allá en el lodazal. Mire –el tipo abrió la puerta y apuntó al fondo de la parcela. Chanchoman estaba revolcándose con otro montón de cerdos reales, en un nido de barro, cáscaras y quizá caca, que era de dónde provenía el hedor del sujeto disfrazado.– ¿Desea unirse a la sociedad?
Una mañana me lo encontré por el centro, su cuerpo de puerco y el peluquín de mierda los podría reconocer en cualquier lugar. Justo cuando se sacaba la billetera del culo, dejo caer algo al suelo. Al recogerlo vi que era una tarjeta de presentación, "CHANCHO-MAN, SOCIEDAD AGROPECUARIA"
Sabía que Chanchoman tenía algún negocio, pero jamás pude saber dónde era hasta esa mañana, por lo que fui directo hasta allá, para funarlo enfrente de sus empleados.
Pasé varios minutos golpeando la puerta hasta que abrieron. Un hombre en traje de cerdo me atendió.
- ¿Si? –me decía el sujeto, completamente envuelto en su traje. Desconozco como podía verme así.
- Hola –hice una pausa antes de seguir. El tipo olía a excremento fresco.– Ando buscando a su jefe. Creo que su nombre es "Chanchoman".
- ¡Ah! ¡El jefe! –respondía el tipo disfrazado de cerdo, afirmándose la cabeza falsa.– Si, está allá en el lodazal. Mire –el tipo abrió la puerta y apuntó al fondo de la parcela. Chanchoman estaba revolcándose con otro montón de cerdos reales, en un nido de barro, cáscaras y quizá caca, que era de dónde provenía el hedor del sujeto disfrazado.– ¿Desea unirse a la sociedad?
Cuando
dejé el mierdal en donde vivía Chanchoman, supuse que no era necesario vengarme de él. El viejo de
mierda era en verdad un puto puerco.
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