sábado, 6 de junio de 2015

@Micro 16, "El ocaso del invierno"

Me encontraba caminando a altas horas de la noche por la carretera, solo con una botella de ron a medio llenar y un poleron que no me abrigaba absolutamente nada. El viento de la costa mas el que me lanzaban los camiones al pasar, hacia imposible que pudiese hacer cualquier otra cosa excepto caminar hacia mi destino.
Siendo ya pasada las 00:00, mi cuerpo comenzaba a responder de manera lenta y errática. Fue aquí cuando decidí hacer dedo; necesitaba irme a alguna cama a dormir. Desesperado, seguí haciendo dedo sin mucha esperanza por casi media hora. Justo cuando mi brazo ya estaba cansado de estar en el aire, un auto me toca la bocina y se estaciona en la acera.
Iba corriendo hacia el vehículo, hasta que me empiezo a percatar de como era. Futurista, pequeño, solo con 2 asientos y al parecer, muy caro. Bajan el vidrio y al volante había un anciano canoso, con lentes y de no mas de 70 años. Me mira con un cuello que se gira lentamente.
- ¿A donde va, mijito?– me responde con ese aliento a anciano que puedes captar de kilómetros.
- A Serena, no pasa ninguna micro ahora– el frío me invadía por lo que, aunque fuese una estúpida decisión, me metería de todas maneras.
- Suba nomas'.
Asientos de cuero, radio colorida, un mini cooler en el medio de los dos asientos. Todo parecía extraño, pero no me cuestione nada y me puse el puto cinturón de seguridad.
- ¿Quieres algo?, saca nomas'– y me entrega una cocacola light.
La tomo y está fría, buena temperatura para tomarla. Empiezo a pensar que podría tener un somnífero, que podría haberlo metido con una jeringa por algún lado de la lata, así que la dejo ahí. Entonces, me empieza a mostrar el freno del auto.
- Este es automático, ¿ves?– por un instante avanzamos tranquilamente y en otro, el auto iba una velocidad de mierda.
El anciano, con una notable habilidad, adelanta camiones, autos y camionetas a 200 kms. Sentía que iba a vomitar mientras el ron se balanceaba de lado a lado, permitiendo que las partículas de alcohol se acercaran a mi nariz y me diera mas náuseas aún.
Justo cuando le iba a decir que fuera mas lento, chocamos. Mi cuerpo sale disparado a través del parabrisas. "El cinturón no sirvió de nada", pensé mientras veía unos metros mas allá en el aire, al anciano riéndose y con espuma que brotaba de su boca. Se da cuenta que lo estaba mirando, por lo que me grita.
- ¡Esto no es acá hijo! ¡Esto no es acá!– con sus ojos revueltos, sus lentes caen y algo extraño brota de su longevo cuerpo.
Unas alas de color piel se balanceaban e inundaban nuestro accidente con un aroma a vainilla. Siento que algo me toma por la espalda. Unas palomas con barba se reían, mientras que una de ellas me hizo un gesto con la cabeza de que todo esta bien. Asentí y miré hacia abajo, dejando de lado mi botella de ron y el caos que habia quedado en el accidente. Me reía y reía. El anciano ya lo habia perdido de vista, supongo que se fue a su nube, pero en cambio yo, seguí con las palomas, hasta que nos perdimos de vista en el ocaso de invierno.

viernes, 5 de junio de 2015

@Micro 15, "Sin gatito"

El gato era muy bonito. Lo acariciaban y mimaban; jugaban con él. Una de ellas dijo, "Si hüeón, ¡es muy bonito!", para luego tomarlo en brazos y gritar "¡Robémoslo!".
Mientras huía con el gato, este inexplicablemente comenzó a ladrar. Dejando el gato en el suelo, las niñas se miraron consternadas. Una de ellas se encontraba tan asustada que le mandó una certera patada, pero solo provocó que se rompiera su pie en tres partes. El gato era de metal, y ya no era un gato, era un grifo de color amarillo, de esos que usan los bomberos. El gatito había dejado de ladrar. Las tres niñas lloraban.

jueves, 4 de junio de 2015

@Micro 14, "Beso"

Francisco iba a comprar un kilo de arroz al negociou de la esquina. Cuando llegó al almacén vecino, se percató de que la propietaria hablaba con un cliente sobre los homosexuales, lo que le llamó su atención mientras esperaba incómodamente su momento para poder decir "Hola, ¿tiene arroz?".
- Es que yo creo que vienen con la cuestión adentro ya– decia la señora del local.
- Sipo', si igual creo que vienen con esa cuestión. Pero sabe, esas cosas como, ¿las leyes pa' que se casen? Noooo, ya es mucho– le respondía el hombre.
- Hola, ¿tiene arroz?– preguntaba Francisco, quién le molestaba la visión de aquel hombre.

La propietaria fue a buscar el arroz, pero cuando volvió este cayó al suelo, reventándose. Francisco besaba profundamente al cliente. Sus salivas y lenguas formaban un solo remolino en sus bocas y ambos se tocaban por las caderas para acercarse el sexo. Agua, escobazos, pero nada los podia separar. La señora, junto con sus dogmas e ideales, perecieron esa misma tarde.

miércoles, 3 de junio de 2015

@Micro 13, "El señor de los queques"

La idea lo obsesionaba. "Estoy seguro de que es un androide...".
Pedro observaba cada tarde al caballero que vendía queques, el cuál decía constantemente "a los buenos queques", con el mismo tono y timbre de voz. La repetición de esta frase lo abrumaba profundamente y lo único que deseaba saber era la verdad.
Aquel día, Pedro estaba decidido a averiguarlo. Se acercó sigilosamente por detrás y, con una fuerza sobrehumana, la espalda del señor de los queques fue abierta usando solo sus manos. Se escuchó un sonoro "crack" y su caja toráxica explotó. Sangre brotaba y gritos salían pero para Pedro no era suficiente evidencia, "¡Ahí deberían estar los circuitos!", pensaba Pedro mientras seguía buscando.
A pesar de que un sinumero de personas lo golpeaban al mismo tiempo a punta de patadas, puñetazos y diversos objetos contundentes con tal de detenerlo, Pedro siguió hurgando en el cuerpo ya muerto del señor de los queques; dentro de su garganta, en el ano, estómago e intestinos.
Al cabo de un tiempo, Pedro se encontraba solo, en una celda fría y oscura. Las paredes totalmente blancas y una camisa de fuerza lo mantenía más aprisionado aún.
Acostado en el suelo en posición fetal y mirando a la nada, Pedro mantenía su obsesión, "Estoy seguro de que era un androide...".

sábado, 30 de mayo de 2015

@Micro 12, "Amor de familia" *


- ¿Qué te pasó? –escribió Vicente a su hijo, Felipe, quién llevaba una semana desaparecido. Hoy figuraba "Conectado" en la red social.
- Nada, estoy bien. Tengo que contarte algo eso si. Voy a ser papá –Vicente observó un largo rato el mensaje antes de responder. En tanto, Felipe temía lo peor mientras el temido "Visto" aparecía.
Al día siguiente, Felipe llegó a la casa. El padre lo esperaba con un bate listo para castigarlo hasta que se percata de lo peor: su hijo venía en silla de ruedas y sin piernas.
- ¡Hijo, qué te pasó! –exclamó Vicente horrorizado, dejando caer el bate.
- Padre –Felipe agachó la cabeza, sin poder mirarlo a los ojos.– La verdad es que no serás abuelo. Lo cierto es que sí, perdí mis piernas. Pero la verdad es que... Soy adicto a la pasta... vendí mis piernas por droga padre... ¡Por droga!
Aquella tarde, su padre se dio cuenta de una cosa: no importa que tan basura sea tu hijo, siempre existirá el amor de familia.

viernes, 29 de mayo de 2015

@Micro 11, "Flores"

Alberto llevaba bastante tiempo sentado en el colectivo. Con sus nalgas entumecidas, presionado junto a la puerta y sin audífonos, solo podía escuchar la conversación de la señora a su lado, la cual estaba acompañada de su hija. Ella hablaba con una amiga, quién preguntaba en donde estaba y cuando llegaba, a lo que le responde en susurros"estaba... en... las flores de bach...". Alberto, extrañado, decide interrumpir la conversación.
- Disculpe señora, pero no tiene porque tener miedo de decir "Flores de Bach" en voz alta. Es un maravilloso tratamiento y, ¿usted se avergüenza disminuyendo su voz? Porfavor, no sea ridícula– le increpa Alberto en un tono muy serio.
La mujer, con un sospechoso rojizo en sus ojos, tan solo observaba a Alberto, sin articular palabra.Al llegar a destino, este le da la pasada a la señora, la cual le responde.
- Disculpe, pero lo que yo diga o no diga, no es de su incumbencia, ¡sapo culiao! ¡yo quiero a mi hija! ¿¡Me escuchó!?– le responde la mujer totalmente enojada y con su rostro evidentemente rojo.
Cuando se baja su hija, este se encuentra fuera de si y en silencio. La mujer, desviando la mirada, le dice "vamos". Es cuando Alberto ve con claridad, como ella acaricia las nalgas de su hija en plena vía pública y esboza una sonrisa digna de un pedófilo, saboreándose sus labios al hacerlo.
Alberto en un acto de ira, llama a carabineros, a la prensa y a todos sus vecinos contándoles sobre la asquerosa mujer que acababa de ver. Esa misma noche, Alberto es asesinado en su casa.
El único que no sabia de la red de pedofilia en su comuna era él, Alberto siempre fue solitario. Debería haber llevando sus audífonos aquel día.

miércoles, 27 de mayo de 2015

@Micro 10, "Matrimonio" *

"Lo había comprado hace dos días. Era un anillo hermoso. Me costó casi 3 años juntar la plata. Y justo ayer le había pedido matrimonio. Estábamos tan felices...
Llegué a la puerta de mi casa y vi un charco de sangre que se extendía hasta la cocina. Lo rodeé mientras me afirmaba de las paredes, sin entender lo que había pasado, hasta llegar al origen.
El monstruo me devolvió la mirada apenas me asomé a la cocina. Un león de color verde masticaba un brazo, luego de haber dejado a medio terminar un cuerpo totalmente destrozado. Mis ojos se abrieron al ver el brazo que mascaba... Tenía el anillo puesto.
Mi esposa... Mi futura esposa... Mi amiga... Era comida por un león de color verde.
Me desnudé y sin pensar en la diferencia de fuerza, me abalancé sobre la bestia. Logré golpearlo con un certero puño en la cara, junto con todo el peso de mi cuerpo. El animal salió a través de la puerta de la cocina a una velocidad increíble, atravesando murallas y casas aledañas hasta un punto en que lo perdí de vista. Perplejo y con el puño aún apretado, bajé la mirada percatándome de mis pies húmedos por la sangre de mi esposa; estaba de pie sobre lo que parecía su vagina con el período. De inmediato salté a un costado y sollocé por ella de rodillas y en silencio.
Una luz me cegó, y salí disparado fuera de la cocina. El león había vuelto con una bazuca, la que disparó justo donde estaban los restos de mi esposa. Logré incorporarme envuelto en sangre mía o de ella, no podría saberlo, limpiándome la cara con mi antebrazo para poder ver a la bestia a los ojos. Su enojo era evidente, su rujido enorme y su hambre insaciable. Luchamos por mas de 3 días sin parar, destruyendo la ciudad entera. Cuando logré aturdir a la bestia, aplasté el cuerpo de mi enemigo en un moledor de autos y puse fin a la carnicería.
Desnudo, bajo el sol y luego de haber apretado el botón de "Stop" de la máquina, me desmayé y caí a la áspera y polvorienta tierra de aquel vertedero de autos."
Samuel era un inquilino de un reconocido hospital siquiátrico de la ciudad. Este fue su testimonio cuando se le interrogó porque había asesinado a su esposa. Samuel fue condenado a cadena perpetua.

martes, 26 de mayo de 2015

@Micro 9, "Confusión"

El calor inundaba el departamento, rastros de comida por doquier y en el sillón, Benjamín y Fernando estaban en un profundo trance brindado por un ácido. Hundidos y húmedos, cada uno en su propio viaje, visualizaban diversas cosas sin y con sentido.
Todo lo bueno tiene un final, y cuando este llegó, Benjamín dejó el lugar para proseguir con su vida sin antes advertirle a Fernando que se cuidara. Lo hizo en vista de que, al despedirse de él, sus ojos seguian desorbitados, extraños, no en este plano. La preocupación duró poco. Su prioridad era irse a su casa a comer algo o dormir.
Al momento de que Benjamín llegará a su casa, su telefono sonó. Quién le hablaba al otro lado era su amigo, Fernando.
- Hüeón, ¡tenis' que venir! ¡Tenis' que venir loco!– Fernando sonaba mucho mas drogado de cuando lo dejó.
- Espera, hüeón... A ver, ¿que hüeá te pasó?– sin en realidad sentirse preocupado al respecto.
- Loco... estaba en mi volá' cuando nose porque, un duende, loco, un duende golpeó la puerta... ¡lo tengo encerrado en el closet!.- declaró con plena seguridad Fernando.
- Aaaah, pero weón, como chu...
- ¡LOCO, NO ESTOY WEANDO, TENIS' QUE VENIR!– fue lo último que escuchó antes que se cortara la llamada.
Benjamín trató de contactarse por todos los medios pero su amigo no contestaba ninguno. Con hambre y sueño decidió volver donde Fernando, dispuesto a sacarle la cresta.
Nadie abria la puerta, por lo que Benjamín forzó la chapa de unas certeras patadas y entró. Encontró a Fernando sentado a la entrada del closet. Mirando hacia el suelo, sus pupilas dilatadas, un aroma a orina inundaba la pieza... su amigo se habia meado y, además, sostenía un bate.
- ¡Fernando, hüeón, reacciona!– lo abofeteó fuertemente– Oye, hüeón, ¡soy el Benja!– zamarreando a su amigo de los hombros hizo que este le devolviera la mirada. Lentamente Fernando se levantó, sin soltar el bate en ningún momento y posando su índice en los labios, le susurró:
- Esta ahi hüeón... lo encerré apenas entró... tiene una olla llena de monedas de preciosos colores... te lo juro hüeón– Fernando tenia un hilo de baba colgando de su boca.
- Hüeón... terminemos esta hüeá loco– Benjamín comenzaba a abrir el closet a pesar de que Fernando gritaba que no lo hiciera– Te dije que no teniamos que mandarnos esa hüeá hoy porque...
Lo que parecía un duende saltó del closet, golpeando a Benjamín fuertemente en los testículos. Los fallidos intentos de golpear con el bate a este extraño ser, terminaron en Benjamín, el cual chillaba de dolor. Para cuando Fernando se dió cuenta de que Benjamin estaba inconciente fue muy tarde.  Una olla lo golpeó en la cabeza y cayó al suelo, al lado de su amigo.
El olor a orina despertó a Benjamín; estaba durmiendo sobre ella. Asqueado, se limpió la cara y se levantó. Desde la pieza vió como entraban 3 carabineros acompañados de una persona pequeña, el cual resultaba ser el vecino de Benjamín, Felipe. Su estúpido amigo lo confundió con un duende y la olla en cuestión era para pedirle agua, justo hoy se la habian cortado.



lunes, 25 de mayo de 2015

@Nada 1

El hombre pudo

El perro se alejó, pero su mirada permanecía fija, intacta
Ante él se esbozaba una enorme figura que se burlaba de su alma
El perro se enfurecía a ratos
pero no era una razón para negarse a su enojo
Con esfuerzo, logró sobreponerse a la adversidad
Y dislumbró, sin ninguna duda, el hecho de que el perro era viejo, antiguo, oxidado
Sus vacios tanques de reserva le impidieron ser parte de un adecuado proceso
Sus mechas sucias y polvorosas
Sus pasos lentos y tranquilos
Sin nada que acotar, decidió hacerlo
Cuando ocurrió el momento, la marea negra azotó la costa
Y su helada temperatura se convertía en una sola
El perro no se esfumaba, se mimetizaba
El tiempo era uno solo en aquel entonces y se fundieron
No lo negó, no lo evitó... lo afrontó con valor
El hombre pudo.

domingo, 24 de mayo de 2015

@Micro 8, "El pecado"

-  ¡Te dije que no quiero!– exclamó con rabia Ricardo. Ya no quería mas forcejeos, no deseaba entrar.
- ¡Pero si no te va a pasar nada!, nadie ha muerto por entrar hüeón– le recriminaba su amiga Fernanda, la cual solo quería que entrara para satisfacer su curiosidad.
- Mira, lo haré... pero solo porque estas de cumpleaños mañana, ¿ya?– le mencionó Ricardo, ya estaba cansado de discutir.
-  Bueno, gracias, te quiero mucho, mierda– respondió Fernanda, con sus ojos llorosos.

La tensión y emoción en el aire se sentían. Por un lado Ricardo sentía temor de atravesar esta puerta, por otro, Fernanda estaba muy emocionada. Ella había soñado esto hace unos días y sabía que solo haciéndolo dejaría de pensar tanto en ello.
Dudando, pero haciéndolo, Ricardo abre las puertas y entra, dejando de lado todos sus temores.
Casi espontáneamente, flamas comienzan a aparecer en el cuerpo de Ricardo, luego, el humo. El aroma a carne y pelo quemado comenzó a inundar el lugar. Fernanda, en un brote psicótico, solo se reía mientras observaba con sus pupilas muy dilatadas como su amigo se quemaba vivo tan solo al atravesar dicha puerta.
En aquella noche, ya nadie estaba dentro ni tampoco en las cercanías. Los gritos de Ricardo no era oídos por su amiga pero si por las silenciosas paredes de aquel lugar, en donde retumbaban en ecos de desesperación. Así es, el lugar en cuestión era una iglesia. Cristo no amaba a Ricardo.